Junio 2014 – Nueva visita de Manolo y Amelia a Mas Abela

Esta visita está acompañada de importantes documentos que Manolo encontró en el Registro parroquial de Cartagena.

En 1821 muere en Cartagena Mateo Abela, nacido el 22 de julio de 1746 en casal Bisbut, Zejtun, Malta. Él es el primero de nuestros antepasados malteses que se estableció en España. Aparece por primera vez en 1771 en Benejúsar, donde nace su hijo Francisco Abela Valero. Se casó con Manurela Valero, nacida en Benejúsar y muerta en 1846 en Cartagena.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Segundo Congreso Internacional Hispano-Maltés

Este importante hito en mi investigación genealógica está pendiente de editar. En breve se editará…

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Nexus Malta 2013

En septiembre se organizó un viaje turístico y protocolario a Malta con la participación de la Asociación de Amigos de Malta, bajo la coordinación de José Manuel Gironés, a quien le quedo muy agradecido por el enorme esfuerzo organizativo desplegado.

MALTA  <— pinchar aqui

Esta fue mi segunda -y muy provechosa- visita a nuestra tierra de origen. Tuve el gran placer de conocer al profesor Carmel Vassallo, con quien realizamos un exitoso ensayo de la ponencia que presentaré, en inglés, el próximo 13 de noviembre en La Valletta sobre el tema:

The Abela lineage of Malta, heir to the original Abella of Pallars Jusà – (XI-XV Centuries)”

El escrito se presenta en el marco del Segundo Coloquio Internacional hispano-maltés de historia, coordinado por el profesor Vassallo, quien es un gran experto en el tema de la immigració maltesa a España en el siglo XVIII. En 1997 publicó una obra capital para entender los movimientos migratorios malteses que se titula Corsairing to Commerce. Maltese Merchants in XVIII Century Spain.

En estos flujos participó también nuestro antepasado, Matteo Abela, el primero de nuestro linaje que cruzó el mediterráneo desde Malta para establecerse en España. En el texto de este trabajo se cita al que era a todas luces hijo de Matteo, Francisco Abela que operaba en Orihuela en 1797. Lo tenemos bien documentado como Francisco Abela Valero, nacido en Benejúsar, Orihuela en 1774.

Prof. Carmel Vasallo

Prof. Carmel Vasallo

Yo había redactado hace más de un lustro un resumen de la obra para mi uso interno, y tuve en este viaje el enorme placer de recibir de Carmel un ejemplar original con una dedicatoria muy entrañable. Además, gracias a su gran amabilidad, me ha facilitado el documento clave que confirma, sin lugar a dudas, la veracidad de la información que había obtenido en mi primer viaje a Malta: Matteo Abela Busuttil, nacido en Zejtun el 22 de julio de 1746, hijo de Angelo y Natalicia. ¿Era ésta la persona que se correspondía con el perfil conocido de nuestro antepasado? Según la bibliografía española teníamos a Mateo Abela, nacido en Zejtun en 1747, hijo de Ángel y Luisa.

Pues bien, esta es la importante noticia:

He terminado de revisar mis apuntes y he encontrado otra referencia sacada del Archivo Municipal de Orihuela donde se encuentra una carpeta que se llama ‘Comerciantes malteses 1771-1774’.
Dentro de esta carpeta se encuentra lo que se llamaba una ‘Renuncia de Fuero’, que en términos modernos seria algo como cambiar de nacionalidad. Mis apuntes dicen lo siguiente:
‘Matheo Abela, hijo de Angel y de Nathalicia Abela de edad 24 años, de
Seytun’. –> Un punto clave de dudas en nuestra genealogía se resuelve.

El viaje me deparó también otras experiencias y conocimientos. Hicimos una preciosa travesía en barco conociendo la costa septentrional de Malta, la famosa isla de San Pablo, donde supuestamente naufragó el apostol, las cristalinas aguas de Comino y los monumentos de Gozo.

Fachada de Hotel British, La Valletta

Fachada del Hotel British (balcón azul), La Valletta

Delante de la isla de San Pablo

Delante de la isla de San Pablo con la estatua dedicada al apostol

En las aguas de Malta con José Manuel Gironés

En las aguas de Malta con José Manuel Gironés

Laguna azul de Comino

Laguna azul de Comino

Orejera de la fortaleza de Victoria, Gozo

Oreja de un baluarte en la fortaleza de Victoria, Gozo

Conocimos a la directora de la Biblioteca Nacional, señora Maroma Camilleri, quien nos enseñó importantes documentos de la historia de Malta relacionados con España, el primero entre todos el documento de cesión por el emperador Carlos V y I de España, en 1530 de las islas de Malta y Gozo a los caballeros hospitalarios, que a partir de entonces fueron conocidos como los caballeros de Malta. Espero tener un contacto más asiduo con la Biblioteca para la documentación que necesite en mis investigaciones. Esta relación me complacerá mucho, especialmente porque la señora Camilleri me confesó que su madre apellidaba Abela.

Madame Maroma Camilleri, directora de la Biblioteca Nacional, Malta

Madame Maroma Camilleri, directora de la Biblioteca Nacional, Malta

En el Museo Naval de Senglea nos guió el profesor Antonio Espinosa. Entre otras maravillas me interesaron mucho las maquetas de barcos mercantes del siglo XVIII, como los bergantines, en los que realizaban sus viajes comerciales nuestros ancestros. Las maquetas estaban realizadas por el maquetista oficial del Museo, Joseph Abela. Allí adquirí un interesante libro suyo: The Maltese Merchant Fleet of the 19th Century. Por supuesto encontré algunos Abela en su contenido, que tendré que investigar más a fondo.

José Manuel Gironés entrega un obsequio al prof. Antonio Espinoza

José Manuel Gironés entrega un obsequio al prof. Antonio Espinoza

Maqueta de un Bergantín, Museo Naval, Senglea, Malta

Maqueta de un bergantín, Museo Naval, Senglea, Malta

Descripción de un bergantín

Descripción de un bergantín

El domingo 8 de septiembre pudimos asistir a la misa solemne en la Co-catedral de San Juan en Valletta, puesto que es el dia de la fiesta nacional, que conmemora la victoria contra el asedio de la armada turca en 1565. Tuvimos la suerte de presenciar la desfilada de una delegación de unos caballeros de Malta, procedentes de Canadá.

Misa solemne en la co-catedral de San Juan, Valletta

Misa solemne en la co-catedral de San Juan, Valletta

En la visita que realizamos al nuevo embajador de Malta en España, don Mikel Micallef, conocí a Sandro Debono, director del Museo de Bellas Artes, que también tiene una presentación en el Coloquio de noviembre. Nos unió en amistad un hecho significativo, él también procede de Zeitun, como nuestro ancestro Matteo Abela.

Sandro Debono ofrece explicaciones al embajador Mikel Micallef frente a José Manuel Gironés

Sandro Debono ofrece explicaciones al embajador Mikel Micallef frente a José Manuel Gironés

El acto más importante fue la audiencia que nos concedió el Presidente de Malta, His Excel. George Abela, en el palacio presidencial. Lamentablemente no pudo acudir a la audiencia, por compromisos internacionales, y fuimos recibidos por su representante. Nos acompañó el embajador español, don Felipe de la Morena.

Antesala del despacho presidencial. Fotografía del presidente

Antesala del despacho presidencial. Pintura del presidente

Palacio presidencial. Lista de los presidentes de Malta

Palacio presidencial. Lista de los presidentes de Malta

Despacho presidencial. José Manuel Gironés entrega a la vicepresidenta de Malta escrito conmemorativo. Asiste el embajador Felipe de la Morena

Despacho presidencial. José Manuel Gironés entrega a H. E. la vicepresidenta de Malta escrito conmemorativo. Asiste el embajador español don Felipe de la Morena

Malta-202

Conversación con el embajador español don Felipe de la Morena

Como última imagen de este fructífero viaje no pude menos que sacar una toma al atardecer del siempre imponente castillo de Sant Angelo en Birgu, realizada desde el balcón del Hotel British donde nos alojamos. Este fue en realidad el antiguo castillo de Malta, conquistado a las fuerzas de Carlos d’Anjou por la armada catalana en 1283 al mando del almirante Roger de Lauria. El episodio está inmortalizado en el relato de la Crónica de Ramon Muntaner, capítulo 83, según el cual los catalanes vencieron a los angevinos al grito de “Aragó! Aragó! Via sus! via sus! Este fue el inicio de la dominación catalana de la Corona de Aragón en Malta.

Castillo de Sant Elmo, Birgu (Vittoriosa)

Castillo de Sant Angelo, Birgu (Vittoriosa)

4 comentarios

Archivado bajo Abela de Malta, Genealogía Abela

TIO CELO, 100 AÑOS EN EL HORIZONTE

Tengo la enorme satisfacción de presentar un escrito de calidad, elaborado por Carlos, sobrino de Cecilio Abela Deheza, en honor a su centenario aniversario. La calidad se manifiesta por el íntimo y preciso retrato de la personalidad de Tío Celo.

Carlos D. Mesa Gisbert Sexagésimo tercer Presidente de Bolivia

Carlos D. Mesa Gisbert
Sexagésimo tercer Presidente de Bolivia

Carlos

Por alguna razón tengo fijo en la mente el momento en que, en su consultorio de la calle Loayza esquina Mariscal Santa Cruz, colocaba sus manos casi hasta el codo debajo del agua transparente que caía abundantemente. Veo todavía el movimiento metódico que mojaba sus dedos, sus palmas y sus muñecas. Una operación concienzuda, pausada que –creo- retrata su espíritu. El espíritu del Tío Celo.

Más de una generación de niños, nosotros, sus hijos, sus sobrinos, tantos cuerpos pequeños atorados por la angina, víctimas de dolores esquivos, con ojos asustados, enfermos del estómago. Centenares de madres asustadas y esperando el diagnóstico al que apostaban toda su esperanza. Ahí aparecía su destreza como clínico. Porque, hay que subrayarlo, era un médico con una capacidad para los exámenes clínicos que sólo los linces o las águilas tienen en el mundo animal.

Cien años son muchos años, demasiados quizás, porque ponen a prueba una parte de la vida que –implacable como es- te coloca en el trance de la inermidad y amenaza con desdibujar lo que realmente fuiste. Por eso, en este siglo largo, intenso, fulgurante, sangriento, expresado tantas veces en las cenizas de los otros, hay que recordar por encima de todo a Cecilio Abela como un hombre que tenía –que tiene- un alma en la que se mezclaba el humanismo, la fe en la razón y un toque de profundo y coherente escepticismo sobre nuestro destino como país. Ha sido hijo de una Europa, en la que estudió su carrera, que se adentraba en la oscuridad de la guerra. Fue también hijo de una Bolivia que nunca daba el salto de modernidad que los espíritus positivistas de su tiempo esperaron. Quizás una de sus amarguras haya sido no ver la Bolivia que alguna vez soñó en su juventud. Pero con esa conciencia fue una persona plena, serena y honrada.

Cuando subíamos a trompicones las escaleras de la casa de la Capitán Ravelo, niños todavía, sabíamos que el Tío Celo era cosa muy seria. Con él no había chistes. Llegábamos a la puerta de arriba y abríamos con cuidado, podía estar allí. Tantas veces lo vi sentado en ese sillón orejero (o casi orejero) leyendo frente al retrato de la Tía Angelita (algo así como una imagen de princesa que ocultaba –salvo los ojos de intenso celeste- la verdadera personalidad sencilla y transparente de ella). Leía a Simenon, los policiales eran una de sus mayores debilidades literarias, y a los clásicos, y a los griegos, pero sobre todo a los franceses. Era un hombre más cercano al espíritu francés que al anglosajón. De algún modo, reflejaba lo que eran los médicos de su tiempo, los hombres más próximos al humanismo renacentista. No por nada eran los alquimistas del misterio de la vida. Fue curioso como se debe ser, ávido de saber como se debe ser.

Para nosotros el Tío Celo fue muchas cosas; un modelo de integridad, orden y disciplina, una palabra que sonaba a definitiva, un referente de equilibrio. Fue médico y amigo y consejero y confesor de mis padres, sobre todo de mi madre que lo tuvo siempre como un ancla en sus momentos de crisis personal.

Lo recuerdo entre brumas en la casa de la Cañada Strongest en “la Velocidad” (no me pregunten porqué mi papá le llamaba “velocidad” a la habitación que funcionaba como lugar de encuadernación), pegando con engrudo el lomo de un libro, escogiendo el material que cubriría las tapas, alisando las guardas, mientras mi padre sopleteaba los bordes de los libros ya terminados para darles ese toque “antiguo” que a él lo transportaban al siglo XVII o XVIII.

El tío Celo era el gran fotógrafo con su Leica y con su cámara oscura, el lugar mágico donde las imágenes cobraban vida. Era también quien capturó el pasado virreinal boliviano del que mis padres escribieron tanto. ¿Qué hubiera sido nuestra familia sin ese referente en tantas dimensiones?

El Tío Celo era lo contrario de la estridencia, era en muchos sentidos la sabiduría, la moderación, aunque siempre me quedó la sensación de que marcaba claramente una fría distancia.

La Paz, julio 1999 Solario de Capitán Ravelo

La Paz, julio 1999
Solario de Capitán Ravelo

Recuerdo una tarde de tormenta –quizás noviembre- muy oscura, allá por 1959. Yo tenía algo más de seis años. Tomábamos el te en la mesa adosada al comedor del piso bajo de la Ravelo, el del solario. ¡Qué tes!, las carnes frías eran lo mejor, las marraquetas crujientes y un yogur (entonces natural en envase de vidrio, de un sabor intenso que no me gustaba demasiado) y un café con leche en taza grande. “¿Quieres mermelada?” me preguntó. “Bueno…”, respondí. Me miró fijo y con ojos escrutadores, Yo no entendía nada. “¿Sí o no?”. “Sí, tío”, respondí en un hilo de voz. “¡Ah! Si me dices ‘bueno’, parece que me estás haciendo un favor, es de mala educación, cuando te pregunten algo contesta con claridad, sí o no, no respondas nada a medias”.

El Tío Celo cumple años, ahora 100, nada menos que 100, hoy 4 de julio. La tía Angelita los cumplía el 7 de julio, tres días después. Los cumpleaños de los dos se celebraban siempre en conjunto, reflejando algo que se veía en sus vidas. El y ella eran una sola persona. Cielito le decía la tía Angelita. Supongo que Celo viene de una deformación de Cielo. La Tía Angelita, una prolongación espiritual de la tía Pepita, “era” el Tío Celo, y él vivía sobre la roca que era ella. Todos supusimos que él se iría primero, pero la vida –neutra y brutal como es- decidió lo contrario. Pero -siempre hay una revancha- los dos vivieron juntos el tiempo más pleno de sus vidas. Ese tiempo es el tiempo perdurable que estará en su mente y que está en el corazón de sus hijos y que está en todos nosotros. La memoria, por suerte, nos permite conservar esas imágenes que fueron días y meses  años y décadas  y más de medio siglo. ¡Celebrémoslo! Celo y Angelita (o Guichi como diría mi papá) vivieron mucho, mucho juntos y sólo eso valió la pena.

Cuando la voz honda del Tío se escucha en sus delicadas grabaciones para su amiga Pepa Saavedra que ya ciega se podía perder en las brumas del negro, sabemos que detrás está un hombre que tenía convicciones y creía en cosas por las que apostó. Que el Gringo hiciese lo que él, beber de Europa y ser lo que hoy es. Los otros cinco son otras prolongaciones de Cecilio, quizás el Coqui el que más. Probablemente el Gordo esté más próximo a la sangre de su madre y el Richi y la Mangi y la Maricarmen como una particular combinación de Cecilio y Angelita en partes adecuadamente dosificadas.

Desde luego que no pretendo recordar esta última década de su vida. Me cuesta verlo y no quiero visitarlo, como me costaban tanto ver a mi padre, cuya energía parecía poder con todo y con todos, cuando en sus últimos años era un espectro de un espectro de sí mismo. Pretendo recordar la voz honda y pausada del Presidente vitalicio del Chocolate de Abela, que se apagó como una vieja y hermosa vela a la que se le acaba el sebo después de seis décadas ejemplares, tras la muerte de la Tía Angelita y esta convalecencia tan dura de su Presidente.

Cuando terminaba de lavarse las manos como sólo él podía hacerlo, comenzaba a usarlas para la acción más extraordinaria que le pueda tocar a cualquier ser humano; curar las dolencias del cuerpo de las vidas que nacían y muchas veces ayudar a cerrar las cicatrices del alma de las vidas que bregaban en su tránsito cotidiano por este mundo.

Cecilio Abela, creo, no era un hombre religioso. No necesitaba serlo. En su vida hizo más que muchos cumplidos fieles de una iglesia católica o de un servicio cristiano. Era, como creo que se debe ser, un humanista. El prójimo no fue para él una entelequia celestial, sino lo que es, el prójimo, el que está a tu lado y por el que sí vale la pena vivir.

La Paz, 4 de julio de 2013″

Deja un comentario

Archivado bajo Genealogía Abela

Cecilio en los “Abela” de Málaga

Os presento un simpatico homenaje a Cecilio Abela Deheza por su centenario, compuesto por Manolo Abela Luque, el responsable de mantener muy viva la llama del recuerdo de los “Abela de Málaga”.

Cecilios de Málaga  <— pinchar aquí

Deja un comentario

Archivado bajo Genealogía Abela

100 años son nada

Esta preciosa semblanza del Dr. Cecilio Abela Deheza compuesta por su sobrino y periodista Francisco Sebastián Abela merece la pena retenerla en el recuerdo. ¡He descubierto algo excepcional! Paco no es sólo periodista, ¡es un trovador!

Dr. Cecilio Abela Deheza

“Constituye, sin lugar a dudas, el paradigma de una referencia familiar allá donde las haya. La centuria vivida por un integrante de cualquier núcleo familiar, sugiere siempre un homenaje por la gracia que la naturaleza le concedió al pertenecer a un selectísimo grupo que puede llegar, en tiempo de descuento, a exprimir hasta la última gota de una vida plena.

Quienes estamos en deuda eterna con tío Celo por pertenecer a su muy cercana influencia familiar, habremos de mojarnos con homenajes circunstanciales que, de algún modo, acuñen un capítulo de una larga, interesante y emotiva historia de un siglo retaceado por tan solo un segmento de éste, que nos atañe a quienes hemos convivido parte de su dilatado periplo vital. He aquí mi pequeño aporte.

Narraba mi madre que su hermano Celito representaba para ella la autoridad funcional paterna, habida cuenta de la diferencia de edad entre el mayor y la menor de los hijos de Cecilio y Fanny. Mi padre, Jaime, corroboraba el aserto sosteniendo que para él era más difícil lograr el placet del doctor que el de don Cecilio a la hora de pretender a la benjamina de la saga Abela Deheza. Habido, que hubo finalmente, el permiso de Celo para el tradicional cortejo, el noviazgo fue consolidado sin mayores reparos y finalmente consagrado ante el altar.

1946-BodaSebastianAbela

1946-Boda Sebastian Abela

Papá y mamá procrearon 5 hijos y, aunque vivían en Oruro, en ocasión del nacimiento de cada uno de ellos mamá exigía que los alumbramientos se dieran en La Paz porque allí residía su hermano pediatra que sería el único a quien confiaría sus partos.

Jaime, Pili, Ceci, Paco y Josete vinimos al mundo en La Paz y fueron las manos de tío Celo, pero fundamentalmente su portentoso “ojo clínico”, los que nos brindaron la bienvenida y que durante todo nuestro desarrollo se mantuvieron abiertas, como tan acertados fueron sus diagnósticos y prescripciones en las infinitas consultas de mamá. Porque tío Celo no solo era el referente médico familiar, sino que también se convirtió en nuestro mayor y mejor preceptor social, sentimental, cultural y hasta religioso, de cuantos acudimos a él para sosegar perturbadoras inquietudes.

Estaciono mi memoria en el tránsito de mi niñez a la adolescencia y percibo los almuerzos sabatinos de la Capitán Ravelo. Casi siempre mi sitio en la mesa era frente a él, que se situaba longitudinalmente a la derecha de tía Angelita, que presidía la mesa, y franqueado por la abuela Fanny a su otro costado. Me encandilaba el protocolo gestual del tío al preparar y servirse los alimentos. Aderezaba y salpimentaba las ensaladas y entrantes de tal forma que aquellos vegetales, verduritas o fiambres adquirían el valor añadido del antojo ajeno, lo cual –se me antoja- podía haber sido una sutil como persuasiva estrategia para que los chiquillos comensales no rechazaran los productos de la huerta que comúnmente no suelen ser de su agrado. El caso es que la lechuga con remolacha y zanahoria, junto a una porción de salchichón sobre rebanada de pan integral untado con mostaza y montadito por algún tipo de quesillo, era gloria bendita como preámbulo a la sopa enlocotada o perfumada con el néctar de la ulupica. Porque ésa es otra: a tío Celo le gustaba el picante y cuando en algunas ocasiones entraba a saco con los ajíes se le aguaban los ojos en señal de haber sido beneficiado con la mística del picante. Digo yo que de aquellos polvos vendrán estos lodos de mi regusto por los ardientes condimentos.

La sutileza de sus interrogaciones para conocer nuestras cuitas adolescentes siempre tenían una carga emotiva no exenta de fina ironía. Esa su extrema seriedad, que tan gratuitamente le hemos atribuido al calificar su carácter, se desvanece ante la evidente constatación en el tiempo de una elegante timidez para expresar su bondad en sus mesurados comentarios, en sus diplomáticos ademanes.

Otro rasgo característico que subyace en mi memoria fotográfica es la caligrafía tan exquisita del que era dueño. “Rara avis” de galeno al prescribir una receta. Era, no cabe duda, parte de su bien ejercitada elegancia ilustrada en sus posturas adoptadas ante circunstancias diversas. Ora para leer un libro, ora para escuchar música, ora para mirar una foto, cine o televisión, ora para olfatear cualquier fragancia, ora para palpar una textura; concentraba todos los sentidos con una acuciosa actitud inspiradora para catalogar mentalmente el producto de su afán perceptivo.

Ávido lector, errante enciclopedista, infinito escudriñador de la razón de las causas, no se avino jamás a los convencionalismos baratos, aunque nunca tampoco los desdeñaba. “Si crees que esa verruga se te caerá de la cara si, como te han recomendado, la frotas con la cáscara del plátano y tiras ésta al tejado, entonces hazlo”, solía aconsejar, aunque siempre tenía la alternativa disponible en una receta de la pócima efectiva que te brindaba sin petulancia alguna.

El practicismo de tío Celo ha sido una cualidad inalterable en el tiempo. A lo mejor sea la fórmula de la sencillez encarnada en un halo de autosuficiencia reservada sólo para las mejores personas. Pues él es un exponente de la sencilla brillantez en una personalidad atiborrada de cultura y tan reflexivamente ordenada que nunca dejó escapar la fealdad de un exabrupto o la incongruencia de la ira. “Es increíble”, “desmedido”, “desproporcionado”, “equivocado”, han sido algunos de los epítetos que han funcionado proverbialmente en su lenguaje sereno para redondear la expresión de alguna grande contrariedad. “Sensacional”, “fantástico”, “muy buena”, son vocablos empleados en sus lacónicas sentencias aprobatorias. Porque era así: directo y rotundo. ¿Para qué complicarse con florituras semánticas a la hora de sostener una conversación? Lo importante para él era escuchar. Escuchaba siempre con el respeto más profundo que llegaba a sorprender a su circunstancial interlocutor por su absoluta reserva en comentarios o pareceres inmediatos. Saber otorgar el beneficio de la duda es un ejercicio que normalmente no resulta muy fácil practicarlo, pero él mantuvo siempre muy bien entrenada esa disciplina, con lo que lograba articular sus opiniones, casi siempre matizadas con elocuentes sentencias.

Tío Celo ha versado su actuación siempre en lo políticamente correcto, de ahí la siembra de la duda afanosa si una personalidad como la suya podría haber traspasado alguna vez la fina línea roja que divide el humano desatino de las normas morales establecidas por el canon de una modélica convivencia. Particularmente creo que tío Celo más de una vez habrá sentido la necesidad de soltar amarras de paciencia para surcar mares tormentosos que anegaban su íntima vulnerabilidad. Dicho en buen romance: Celo, alguna vez en 100 años, habrá espetado un “carajo” o “mierda” con todas las consecuencias racionales que conllevan dichos epítetos. Si bien siempre se mostraba blindado por la razón consecuente, su intrínseca calidad humana le habrá llevado, con seguridad, a adoptar la más común de las posturas que el común de los mortales adopta.

Paco Sebastian Abela

No me puedo sustraer de verbalizar en pretérito la figura de tío Celo porque me pierdo en la lejanía del tiempo. 100 años son demasiados capítulos para configurar una historia de un héroe sobreviviente a la vida misma. En esta historia, el presente del indicativo paradójicamente es el ayer. Y hoy exprimo mi memoria para distinguir un escenario eminentemente profesional en el cual se desenvolvía el doctor Abela. Consultorio sencillo con la sobriedad escueta de lo que hoy denominamos un blanco roto, o sea, un albo lívido, asentado sobre un mosaico blanquiamarillo con cuadrículas negras. Escritorio simple con flexo luminoso de bombilla amarilla. Mejor media luz cálida en el ambiente que el frio baño de neón. Utensilios que hoy se me antojan de colección. Estetoscopios con matrícula alemana, vitrinitas “demodé” repletas de botellines, gasas, tijeras, pinzas y muestras. Enfermera vestida al uso característico de catálogo de los 40. Para mí, mayor. Con el pelo ondulado por delante y apermanentado por detrás. Cofia de reglamento y con la boquita pintada. Impoluta bata blanca cubría a esta enjuta cuarentona, cuya delgada figura descansaba en tacones medianos con los que se desplazaba a su trabajo desde el castillo que, a la sazón, se erguía por encima de la gruta, en la bajada de obrajes, donde, según me decían, vivía o sola o con su madre, no aseguro. Un asiento giratorio y una báscula neonatal formaban también parte del somero mobiliario de aquel consultorio al que acudí en muy pocas ocasiones, puesto que no era menester errumbar a sitio alguno, si tío Celo iría, con seguridad, a casa del pariente enfermo.

Tío Celo sabía como el que más resolver los problemas logarítmicos de la vida sencilla. En cierta ocasión, encontrábanse tejiendo mi madre, tías y alguna amiga en el cálido costurero de tía Angelita. Por allí andaba mi hermano Jaime Luís, a la sazón no con más de 5 años, cuando tío advirtió algo extraño en su comportamiento. Llamó al niño, lo puso entre sus rodillas, le tomó la cabeza y reparó en cierto color violáceo que envolvía el rostro del pequeño. Le abrió la boca, acercó lo que pudo su mirada y le dijo a mi madre: “déjame un momento ese ganchillo”. Mi madre obedeció de inmediato, abrió con fuerza la boca de Jaime Luís, introdujo en ella el ganchillo para retirarlo rápidamente, con tan depurada técnica, que salió éste enganchado en una flema frondosa que constituía el peligroso velo que taponaba la garganta del pequeño Jaime. El niño cambió de color y siguió jugando totalmente ajeno a una circunstancia extrema que tío Celo resolvió de forma quizás no muy ortodoxa pero sí muy expedita.

No era solo el proverbial celo con el que Celo ilustró su profesión, sino cualquiera haya sido su circunstancial ocupación tan bien dosificada en tiempo y espacios. La lectura, como elegante ejercicio, siempre circunscrita a un ámbito preciso y precioso que supo enmarcar en un escenario adecuado. No sé a ciencia cierta -no importa tampoco ahora- cuál era el género literario de su predilección. Su avidez a la lectura me propone suponer una miscelánea entre el suspense y la filosofía novelada sobre la base de los clásicos. Me imagino que no le importaba demasiado desligarse de la cuasi obligada ruta de transitar por los modernos “best selleres” para estar en la reconocida zona VIP de la intelectualidad de su época. No necesitaba brillar para encandilar a nadie. Lo suyo relumbraba para sí por la propia inercia de la lógica y la sencillez. ¡El camino más difícil para llegar a la sabiduría!

Insisto más en lo galano del galeno, en la fina estampa del caballero personaje, en la extremada timidez de su tan serio proceder, en su pulcra correría por campos que para él se nos antoja vedados. O sea, confieso mi convicción de que tío Celo es como cualquiera de nosotros, un ser de carne y hueso, con sus emociones abiertas y sus pecados esquivos; eso sí, con una paciencia de Job, un ordenamiento secuencial y un eterno ejercicio intelectual que le hace diametralmente diferente a nosotros. Ahí también está la suerte de quienes hemos gozado de su sombra cercana, de su refrescante compañía, de su serena y cordial vecindad, de su piedad para con nuestros abusos de confianza transitorios.

La fotografía, como entretenimiento para el enriquecimiento artístico a través de la dicotomía del blanco y el negro, de las luces y sombras, constituyó el requiebro al ocio productivo de su bien empleado tiempo libre de sorpresa y ensoñación. Como la vida misma. Como las almas benditas que se reconocen en el halo negativo de la película para positivarse y convertirse en el icono de un capítulo de una historia familiar, profesional, casual, discreta y sensitiva. En cualquiera de las muy escasas fotografías en las que aparece encontraremos a un doctor Abela siempre circunspecto, con aquel aire de intelectual norteamericano de los 60/70 (¿por qué evoco ahora mismo a Henry Kissinger?) no exento de traje y corbata aunque fuese en altiplánica locación ambiental. Incluso en otras tomas furtivas en la intimidad de su hogar, el doctor aparece pertrechado de chompas de punto vistoso, pantalones con “yankee” o bota pie coronando los calzados “Zamora” con impoluto cordón lazado, sillón isabelino de poltrona, tomo gordo en las manos y un sorprendido entrecejo fruncido asomando por la bien dotada montura de las lentes de leer y , asumo, para lejos. Así llenó mi madre una vieja maleta de retratos revelados artesanalmente por tío Celo en el laboratorio del patio de su casa en la Capitán Ravelo. Tío fungió de mago no solo como retratista, sino también como revelador gratuito del abuso familiar por el ahorro que suponía dejarle el carrete a él que llevarlo a la casa Kavlin, por ejemplo. Con paciencia, dedicación y sobre todo inusitado entusiasmo, el doctor Abela era un innato productor de ilusiones. Reparaba dolores, apaciguaba dolencias, sosegaba almas, aupaba las ilusiones y valoraba con un gran sentido crítico toda iniciativa que le fuera narrada y consultada. Desde su humilde opinión clarificaba los efectos de una determinada causa. Con prestancia e iluminado misticismo solía develar su entusiasmada colaboración a un proyecto de algún familiar o amigo. Fue así que en cierta y ya alejada oportunidad en que llegué de visita a su casa lo encontré trabajando en su escritorio particular. Ordenaba recortes de prensa y catalogaba escritos puntillosamente. A mi pregunta sobre esa su circunstancial ocupación, me invitó a pasar, cerró celosamente la puerta y me enseñó, orgulloso, una compilación de artículos publicados por su sobrino Carlos Mesa en distintos periódicos de La Paz. “Carlos apunta muy alto. Yo creo que va a llegar, aunque aún es muy impulsivo, pero creo que es producto de su juventud”, me dijo para confesarme que llevaba tiempo estudiando, a través de aquellos escritos, la personalidad de ese sobrino por quien sentía una particular devoción. Y Carlos llegó a la Presidencia de la República.

De ese modo acucioso tío Celo ha sido capaz de estudiarnos a todos. Bajo su particular prisma estoy seguro que nos ha catalogado a cada uno de sus allegados, sin ni siquiera puntuar valoraciones ni pautar posiciones; nos ha otorgado un sitial específico, individual, único y de muy alta responsabilidad. Nunca le escuché medir personalidades, tan solo las describía de manera tan sutil que dejaba para cada quien el trabajo selectivo en el baremo virtual de la selección social.

Uno de los más maravillosos capítulos de su centenaria existencia creo yo habrá sido el tiempo compartido con su amada compañera Angelita. Su “Nena” dulcificada de amor y consideración ha constituido -¡por supuesto!- su contraparte vital. El lado cóncavo de su convexa existencia. Su media naranja. Su postre total. Su soporte modélico para diseñar un camino ejemplar de glorificación a la vida, a sus hijos, a la suerte de un destino vinculado siempre a la vívida emulsión histórica de su largo paso por este mundo. “Lindo: ¿vas a querer queque de chocolate o vainilla?” “El que tu quieras darme, Nena… Y un poquito del de chocolate” ¿No es, acaso, entrañable incluso la irónica respuesta envuelta de tanta ternura hacia el respeto?

En tío Celo se representa un siglo apasionado de nuestra historia republicana. Sus ojos han visto pasar las procesiones sociales y políticas más variopintas y su memoria ha registrado el candor enciclopédico de un siglo atiborrado de pasajes diversos revestidos de sus claroscuros tradicionales. Como en aquella ocasión histórica en que siendo presidente Víctor Paz Estenssoro mandó llamar a tío Celo para que atendiese a una hija pequeña del mandatario que presentaba algún cuadro infeccioso de difícil remisión, por lo que aconsejó el Presidente al galeno Abela que avisara a su casa de su obligada reclusión en la residencia presidencial hasta que la niña curase completamente. Por otro lado, ¡cuántas veces ha fungido de biblioteca móvil ante el requerimiento de alguna duda conceptual! Ahí estaba siempre él. Receptivo total ante el desafío planteado por sus desinformados requirentes. También echaba un cable al sesudo devaneo angelical de su compañera en la sobremesa sabatina con gigante crucigrama. “¿Yunque de Platero?” “Tas”, sentenciaba por detrás de las páginas de su selectiva“ Presencia”. Si acaso se terciaba, entablaba discusión semántica con quien osara comentar a guisa de pregunta algún pormenor deducible del título de notica destacable de aquellas sábanas informativas.

Es harto difícil desempolvar recuerdos peregrinos y ordenarlos en una correlación formal de anécdotas y sucesos de quien ha ido y venido por encima de nuestro tránsito solamente de ida. Es mucha la distancia recorrida por tío Celo respecto de cualquiera de las nuestras. Su sabiduría, pues, es y será siempre más acaudalada por el viejo trajín que por la diablura de sus circunstancias existenciales.

Cecilio y Alex (Dic. 2011)

Cecilio y Alex (Dic. 2011)

Cumplir 100 años no debería comprender el cierre de un ciclo vital; mas al contrario, tendría que entenderse como el inicio de la más relevante epopeya que nos advierte de la consagración eterna a la vida, de aquella que tanto nos empeñamos en reducirla a la mínima expresión. Porque también entiendo por vivir la calidad adquirida para ello y prepararse para emprender el periplo de la eternidad, donde 100 años es nada aunque, reunidos en tío Celo, significa la constatación de lo bello que es vivir, de lo hermosa que es la vida y, fundamentalmente, de la ilusión de un por venir tan elegante y silenciosamente productivo tal como ha sido su divisa a su paso por este mundo.”

Paco Sebastián Abela

Deja un comentario

Archivado bajo Genealogía Abela

¡Eurekaaaa…hemos resuelto el crucigrama!

Este año 2013 está resultando muy prolífico para nuestras investigaciones genealógicas.

La gran noticia que presento ahora la dedico a la memoria de mis seres queridos que nos acompañan desde la eternidad. Pero también especialmente al patriarca de la familia Abela Deheza, Cecilio, nuestro querido tio Celo, a quien dediqué la anterior entrada: ¡el próximo 4 de julio de 2013 cumple 100 años de plena vida física e intelectual intactas!

Querido tio: si hace un tiempo atrás te ilusionaste con mis estudios genealógicos que situaban los inicios hipotéticos de nuestro apellido allá por el siglo XI en tierras de Cataluña, ahora deseo alegrarte con esta nueva,

“he logrado, gracias a mi primer viaje a Malta, reconstruir la línea de nuestros ancestros que pasa por Málaga y llega hasta el inicio de los Abela en Malta, personificado en el noble Raimondo Abela, nombrado en 1390 “capitano della verga”, es decir gobernador de Malta.”

En mis agradecimientos no debe faltar la mención de mi buen amigo Ricardo Sicluna Lletguet, presidente de la Asociación Española de Amigos de Malta,

amigosdemaltaAsociación Amigos de Malta    (Ordo Amicitiae Causa)

Inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones con el nº 171899 de la sección 1 grupo 1

quien ya en 1995 me proporcionó la información básica de los linajes Abela en Malta. Si bien el nucleo de nuestra ascendencia reside en Zejtun, nuestra rama directa -hasta ahora investigada- acaba en Ghaxaq, municipio limítrofe al oeste con el de Zejtun. Tengo entendido que el orígen de la familia de Ricardo es de allí. Sólo nos faltará encontrar lazos familiares de los Abela y Xicluna allá por el siglo XVIII.

Y, cómo no,  no puedo dejar de mencionar a mi gran soporte en la reconstrucción del extenso árbol genealógico de los Abela, especialmente en la rama de Málaga. Manolo Abela Luque, a quien conocí posteriormente gracias al primer contacto que tuve en Málaga allá por 1996 con su padre José María Abela Lisardo, primo-hermano de mi padre José María Abela Deheza.

Ahora vamos a los detalles de la noticia: adjunto les presento el informe, elaborado con mi programa de MyHeritage, de descendientes desde Raimondo (Nobile) Abela, hasta Matteo Abela Busuttil, padre de Francisco Abela Valero, el personaje bisagra entre los Abela de Zejtun y los de Málaga.

Raimondo (Nobile) Abela – 2013-06-24 <— pinchar aquí

El primer matrimonio de Francisco, o Francesco, en Zejtun, nos abrió el camino a la solución del crucigrama. El correspondiente documento se encuentra en el archivo parroquial de Zejtun, cuyo extracto es:

A.P. Zejtun Mat. VIII 1787-1806, p. 118

24-feb-1800

Inter Maria Antam Mallia et Franciscum Abela. Mariam Antoniam fil. natam qmd Luce Mallia et Etisabeth Montanaro de hac terra Zeytun. Franciscum Abela fil. Mattei et Emanuele Valero de Regno Hispaniard. Testibus: Josepho Mifsud filio qd. Alexii et Josepho Mifsud qd. Thoma de hac terra Zeitun. [primer matrimonio de nuestro ancestro]

En la bibliografía hispana (Ctefonte López, De la Caleta al Cielo, Fundación UniCaja, Málaga, 2008; Gonzalo Martínez Español, La Comunidad Maltesa en las  Tierras Meridionales Alicantinas, tras la Medianía del siglo XVIII, Revista del Vinalopó, 12, pp. 209-228, 2009) aparecen Francisco, hijo de Mateo Abela, en el primero, y Mateo Abela de Zejtun, nacido en 1747, hijo de Ángel y Luisa en el segundo. Ahora podemos afirmar que esta persona coincide con Matteo Abela, cuyo extracto del certificado de bautismo es:

A.P. Zejtun Bapt VI 1742-1764, p. 33

22-jul-1746

Franciscus Matheus Josephus Abela, hodie natum fil. Angeli Abela et Natalitice iugat, cas. Bisbut. Padrini : Joseph Xembri fil. Philippi et Elisabeth Abela uxor Joannis.

Casal Bisbut es uno de los barrios de Zejtun. El otro es casal Bisqualin -antiguo nombre del núcleo de Zejtun- o Pasqualino, denominaciones que nos ayudaron mucho en la definición de las diferentes familias Abela.

Mateo recibe la confirmación a los ocho años, según certificado de:

A.P. Zejtun Conf. I 1618-1759, pp. 108-109:

16-may-1754

Oratius Caruana fil. Raimondi et Angela iug. Pad. Mattheus Abela.

Mattheus Abela, fil. Augustinus et Natalitia. Pad. Federicus Baldachino.

 Anna Abela, filia Angeli et Natalitia iug. Mad. Tomasa Baldachino.

Evidentemente hay un error en el nombre de Augustinus, pues el correcto es Angelo, como se observa en el apunte de la hermana de Matteo, Anna. El padrino de Oratius, Mattheo Abela, es seguramente el abuelo de Matteo y Anna, como se desprende del siguiente extracto del certificado de matrimonio:

A.P. Zejtun Mat. IV 1725-1752, p. 17

18-ene-1728

Angelus Habbela et Natalitia, filium Mattei Habbela et Anna iugat, et Natalitiam, filiam Francisci Busutil et Dominica iugat. Testibus: Gaspare Bonnici et Andrea Carouana [el último oficial de la parroquia].

Según Mauro Abela, el voluntario oficial de la parroquia de Zejtun que nos proporcionó la información en nuestro viaje a Malta, son los probables padres de nuestro Mateo.

El resto ha sido un trabajo de filigrana apoyado en las fuentes citadas en el informe de Raimondo (Nobile) Abela del programa MyHeritage.

En un árbol ascendente, más simplificado, observamos las ramas de donde procede Francisco Abela Valero, nuestro primer ancestro maltés nacido en suelo español.

—> Pinchar sobre la imágen para ampliar la gráfica

Ancestros de Francisco (nuestro antepasado directo) Abela Valero

La guinda que adorna este pastel de regocijo que está significando el año 2013 es la aceptación de mi propuesta para la conferencia que presentaré el noviembre próximo en Malta:

SOCJETA’ STORIKA TA’ MALTA MALTA HISTORICAL SOCIETY
1950
CALL FOR PAPERS
Malta Historical Society History Week 2013 ~ Second Colloquium on Maltese-Spanish History
Malta, 13-16 November 2013

Malta Historical Society History Week 2013 ~ 2nd Colloquium on Maltese-Spanish History

 Malta 13-16 November 2013

@ 29 June 2013 am

Propuesta:

1.  Abela Montoya, José Eduardo                     

El linaje Abela de Malta, heredera de los orígenes Abella del Pallars-Jusà (siglos XI-XV)

La Corona de Aragón tuvo un papel determinante en la política de la Mediterránea occidental, reforzada en 1282 con la llegada de Pedro II el Grande a Palermo durante las Vísperas Sicilianas, así conocida la rebelión de la población siciliana contra el despotismo de la casa de Anjou. Pedro reclamaba la sucesión en el reino de Sicília en virtud de su casamiento con Constança, la hija del destronado rey Manfredo a manos de Carlos de Anjou. Por ello fue coronado rey de Sicilia. Con este episodio, dejando aparte otros contactos especialmente económicos que se dieron anteriormente con la isla de Sicília, comienza el flujo de personajes catalanes, mayoritariamente militares, hacia la isla de Malta. La vinculación de la Corona de Aragón con la de Sicília continuó con Jaime II el Justo, hijo de Pedro el Grande, primero coronado rey de Sicília y posteriormente, como heredero, rey de Aragón. Le siguió su hermano Federico en el reinado siciliano, lo que propició un alejamiento momentáneo de los reyes de Aragón en los eventos sicilianos.

Así, el importante reinado de Pedro III el Ceremonioso no implicó una política activa hacia Sicília. Los esfuerzos de su hijo Juan I el Cazador por impulsar una empresa punitiva contra la siempre revoltosa Cerdeña derivaron, a diferencia, en un desembarco importante de tropas catalanas en 1392 en Sicília a cargo de su hermano Martín I el Humano, su sucesor en la corona aragonesa. Con la coronación de Martín el Joven, hijo de Martin I, como rey de Sicília, gracias a su matrimonio con María -heredera legítima de la corona siciliana-, retornó nuevamente el control de la corona de Sicília por la dinastía catalano-aragonesa.

En este lapso de poco más de cien años se forjó una íntima relación entre personajes catalanes y las islas de Sicília y Malta. Entre éstos tuvieron un papel destacado diferentes miembros del linaje Abella, siempre vinculados con actuaciones de los reyes de Aragón en su política de expansión en el Mediterráneo occidental. De esta manera podemos apuntar a la directa relación de un Ferrer d’Abella con cuatro reyes catalano-aragoneses, desde Pedro el Grande al Ceremonioso, de otro Ferrer d’Abella como legado apostólico y obispo de Barcelona en época del Ceremonioso y un tercer Ferrer d’Abella, militar, vinculado a Martín I y a su hijo Martín el Joven. Tenemos también dos Berenguer d’Abella vinculados directamente a Pedro III y a su hijo Juan. Finalmente tenemos la figura de Ramon d’Abella, militar, aparte de otros homónimos, vinculado a los reinados de Juan I y Martín I, muy activo en la política catalana hacia la isla de Malta y conocido en la bibliografía maltesa como Raimondo Abela, ”capitano de la Verga” en 1390.

El topónimo Abella aparece principalmente en el condado del Pallars Jusà ya en el siglo XI, de donde procede la baronía de Abella, título nobiliario que ostentaron varios de los personajes referidos anteriormente.

El objetivo de este trabajo es vincular documentalmente el antropónimo Abella con la extensa presencia del apellido Abela en Malta.

2 comentarios

Archivado bajo Abela de Malta, Genealogía Abela