Archivo mensual: julio 2011

Visita de Cris a Barcelona

El pasado mes de junio de 2011 tuvimos el placer (mi hijo Eduardo y yo) de atender a nuestra prima Cristina Fricke Abela y a su compañero Fernando Gutiérrez. Cris y su hermana melliza Isabel son las hijas menores de Ana María Abela,  y  nietas  de José María Abela Gorordo, el hermano de nuestro abuelo Cecilio. Ambos hermanos son los únicos miembros de la familia Abela Gorordo, procedentes de Málaga, que emigraron a Bolivia (ver entrada Prinzess Irene – 1911). Cris es una bellísima persona y pasamos unos días muy agradables actuando de guías turísticos en Barcelona.

Fotografía de los abuelos de Cris en la década de 1930. ¿Tomada en Oruro o Cochabamba? José María Abela Gorordo y Anita Ruiz Gimenez, ambos de Málaga.

Fernando (Nando) es igualmente muy simpático y tuvimos ocasión de intercambiar vivencias muy cercanas de La Paz, hasta el extremo de no poder excluir que hubiéramos coincidido en alguna ocasión en los años 1959/60. Para comenzar, él hizo su bachillerato, igual que yo, en 1960, aunque en el colegio San Calixto. Yo estudié en La Salle. Nando, anteriormente a su viaje a Chile, había estado en el colegio Alemán, y recordó bien a dos compañeros suyos que viajaron conmigo a Alemania para iniciar estudios superiores: Pepe Jiménez y Fernando Velasco (Felas). Además es primo de un ex compañero mío de promoción, Ramiro Crespo (quien fue muy amigo del Chito Valle), con el que también estuve en el club social Splendid; no por casualidad Nando me comentó que fue fundador de ese club. También resultó ser que conocía bien a Roberto Reyes, buen deportista y gran amigo mío del bachillerato. Y todo, probablemente, porque Nando vivió esos años en el mismo barrio de Sopocachi, como yo, alrededor de las calles Pedro Salazar y Rosendo Gutiérrez (me olvidé preguntarle si tenía parentesco) y cerca de la plaza Abaroa. En resumidas cuentas, mucha rememoranza y nostalgia.

Volviendo a Barcelona, aquí presento algunas fotografías del encuentro:

Cris y Nando desde la plataforma del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC), en la montaña de Montjuich (monte judío), con vistas a la Plaza España y a las dos torres venecianas que la delimitan del recinto ferial. A la derecha de la plaza la antigua plaza de toros “Las Arenas”, reconvertida en centro comercial moderno. En el perfil del horizonte que marca la sierra de Collserola se intuye la torre de comunicaciones, diseñada por el arquitecto Norman Foster; a su derecha y en el punto más alto de la colina el templo del Sagrado Corazón y el parque de atracciones del Tibidabo.

La fuente mágica de MontjuichCris y Pepe frente a la fuente mágica de Montjuich, en pleno espectáculo de agua, luz y sonido. Al fondo la fachada del MNAC, que acoge la mejor colección de arte románico de Europa, instalado en el edificio neobarroco, erigido provisionalmente en 1929 con motivo de la Exposición Universal en Barcelona. Últimamente fue reformado para acoger permanentemente las colecciones de arte románico, barroco, moderno, etc. de Cataluña (impresionante la sala oval reformada por la arquitecta italiana Gae Aulenti).

Nando y Cris frente a la vorágine de la fuente mágica de Montjuich, muy absortos discutiendo la estrategia de negociación que debían aplicar con las vendedoras ambulantes chinitas.

Cris y Nando sonríen satisfechos después del espectáculo de la fuente mágica. Un acogedor restaurante de tapas en el barrio de la Ribera, la calle de Montcada, la misma donde se sitúa el museo Picasso. A la vuelta de la esquina está la iglesia gótica de Santa María del Mar, llamada antiguamente de “Las arenas”. Nombre que ha dado pie a una nueva teoría arqueológica: probablemente aquí estuvo ubicado el anfiteatro romano de Barcino, en los primeros siglos de la era cristiana. Actualmente es un barrio bullicioso y turístico, sobre todo nocturno.

Toma nocturna delante de la fuente de agua en el Paseo del Borne, barrio de la Ribera. Esta zona quedó arrasada a principios del siglo XVIII (el 14 de septiembre de 1714 se conmemora en Cataluña la derrota frente a las tropas de la dinastía borbónica) para la edificación de la Ciudadella, fortificación barroca erigida a raíz de la victoria del borbón Felipe V, a fin de contener al revoltoso pueblo barcelonés.

Pepe y Eduardo delante de la entrada al conocido parque Güell, la obra más famosa, junto a la Sagrada Familia, del universal arquitecto Antoni Guadí, oriundo de Riudoms, el pueblo donde vivimos desde hace más de 30 años. La increíble afluencia de turistas impide ver el dragón multicolor de mosaicos troceados, situado en las escalinatas de entrada. Al fondo las columnas de la sala hipóstila, sobre las que se asienta la terraza principal.

Nando, Cris y Eduardo delante de una ilusión óptica. Las que están inclinadas son las columnas de la galería pétrea del parque Güell, y no las personas. Aquí podemos observar nítidamente la obsesión de Gaudí por aplicar modelos arquitectónicos inspirados en la naturaleza.

Aquí volvemos a restablecer el eje de gravedad, que nos permite apreciar excelentemente las columnas inclinadas de Gaudí que soportan las plataformas superiores, con una mimetización absoluta de detalles naturalistas.

Una preciosa instantánea de Nando y Cris delante de la fachada de la casa Batlló, en el elegante Paseig de Gràcia, que fue restaurada entre 1904 y 1906 por el arquitecto Antonio Gaudí, con su inconfundible estilo modernista y gaudiniano, donde dominan las formas fantásticas y la utilización de su famoso “trencadís”, las superficies de cerámica y vidrio troceados.

Vista de la playa de la Barceloneta hacia el sur, con el perfil del moderno hotel “Wella”, en alusión a su forma de vela de una embarcación marítima.

Vista de la playa de la Barceloneta hacia el norte, con las dos torres y la ballena dorada del puerto olímpico al fondo. Es precisamente gracias a los Juegos Olímpicos de 1.992 que se pudo recuperar para Barcelona todo este frente marítimo, que durante decenios estuvo oculto para la ciudad debido a la implantación, a lo largo de toda la playa, de instalaciones industriales.

Cris no pudo de ninguna manera dejar pasar la oportunidad de darse, al menos, un pequeño chapuzón de pies en las cálidas aguas del mar Mediterráneo. ¿Acaso su rostro sugiere lo contrario?

Uno de los pocos rincones renacentistas de Barcelona es este delicioso patio de la casa de “l’Ardiaca”, edificio antiguo medieval reformado en 1510 por el arcediano de Barcelona, situado en el barrio gótico, justo detrás de la catedral de Santa Eulalia. Actualmente alberga el Archivo Histórico de la ciudad de Barcelona. En su interior se pueden admirar un lienzo y las torres de las murallas romanas.

Cris descansa delante del claustro de la catedral gótica de Barcelona, consagrada a Santa Eulalia, patrona de la ciudad. Mientras tanto Eduardo fotografía a las trece ocas que residen permanentemente en este lugar para conmemorar los trece martirios que sufrió la santa y mártir.

Cris cruza el Palau del Lloctinent en dirección a la Plaça del Rei, donde se ubicaba el palacio de los reyes de la Corona de Aragón. Cuando la dinastía Trastámara de los reyes de Aragón trasladó su corte a Nápoles, en el siglo XV, el “Lugarteniente” fue el máximo representante del Rey en Cataluña. Para él se construyó este palacio a mediados del siglo XVI, aunque nunca cumplió su función residencial. Actualmente es la sede del Archivo de la Corona de Aragón. Aquí se conservan las famosas “Capitulaciones de Santa Fe”, o sea el contrato formal suscrito por los Reyes Católicos, desde su asedio en Santa Fe a la morisca Granada, con Cristóbal Colón, antes de partir al descubrimiento de América, por el que fue nombrado Almirante, Gobernador General y Virrey de las tierras a descubrir y conquistar. ¿Cómo es que se encuentran en el archivo real de la Corona de Aragón y no de Castilla?

Como toda visita turística intensa hay que apurar el paso para ver lo máximo posible. Aquí terminábamos el periplo delante de las murallas romanas de los siglos I a IV de Barcino, reformadas y aprovechadas posteriormente en época medieval, como se puede observar en el recrecido que se realizó sobre las murallas, en los siglos XII-XIV para albergar las dependencias del palacio condal, sede de los condes de Barcelona, posteriormente real de la Corona de Aragón a partir de finales del siglo XII.

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