Reseña del libro piren1978 (2004)

Henri Pirenne. Mahoma y Carlomagno. Editorial Alianza, Madrid, 1978. [Original: Mahomet et Charlemagne. Presses Universitaires de France. -, (1937) 1970]

Primera parte

El contenido del capítulo I de la primera parte comienza con las invasiones de los pueblos germánicos; con ellas no se ha acabado el Mundo antiguo. Los invasores bárbaros se asimilan al Imperio romano y con ellos se prolonga la “Romania” en Occidente. Pirenne se apoya en la famosa frase de Ataulfo, recogida por Orosio: “Primero deseé con ardor borrar el nombre de los romanos y cambiar el Imperio romano en Imperio gótico…Pero una prolongada experiencia me ha enseñado que la barbarie desenfrenada de los godos era incompatible con las leyes…Espero pasar a la posteridad como el restaurador de Roma, puesto que me resulta imposible suplantarla.” (p. 24).

El capítulo II analiza el comercio en el Mediterráneo, que según él se mantiene activo a pesar de las invasiones. Especialmente importante es el comercio de esclavos. Así, llega a afirmar: “De todo ello podemos concluir que existía un importante comercio de esclavos en las costas del mar Tirreno; y no parece dudoso que los barcos que traían las especias, la seda, el papiro, los exportaban como flete de regreso hacia Oriente.” (p. 82).

En el capítulo III analiza cómo la tradición antigua, la iglesia, el arte y la sociedad laica perduran tras las invasiones. La decadencia es la misma que experimenta la tradición antigua desde el siglo III. El desarrollo de la iglesia continúa igual desde la caída de los emperadores romanos. Es, por excelencia, el continuador natural del romanismo. No obstante, la sociedad sigue manteniendo su marcado carácter laico, que la caracteriza desde la época antigua. Lo que los bárbaros “han destruido es el gobierno imperial in partibus occidentis, pero no el Imperio. Ellos mismos, al instalarse en él como foederati, lo reconocen. Lejos de querer introducir nada nuevo, se alojan en él, y su instalación entraña graves degradaciones, no trae consigo un plan nuevo;” (p. 114).

Segunda parte

En la segunda parte el autor aborda la relación entre el Islam y los carolingios. Las conquistas fulgurantes del Islam en el Imperio romano tienen una diferencia esencial con las invasiones germánicas: “no son absorbidos, como ellos por las poblaciones de las regiones de superior civilización de las que se apoderaron. Todo estriba en eso. No hay sino una respuesta, y es de orden moral. Mientras los germanos no tienen nada para oponer al cristianismo del Imperio, los árabes están exaltados por la fe nueva.” (p. 124). Con su conquista, el Islam ha roto la unidad del mar Mediterráneo, al mismo tiempo ha creado la división entre la pars occidentis y orientis. Se cierra el comercio del Mediterráneo occidental y se abren otras rutas, como las que unen el mar Báltico con el Negro, donde aparecen los escandinavos. También aparece a consecuencia de esto el comercio de Venecia y su relación con Bizancio. Las costas y los puertos del mar Tirreno están abandonados, mientras permanece el comercio de Venecia en Oriente, visitando incluso los puertos musulmanes. La relación entre Oriente y Occidente se ha cortado y por primera vez el eje de la vida occidental se ha desplazado al norte.

En el capítulo II de la segunda parte se analiza el reino franco y su relación con la iglesia. No es cierto que los carolingios fueran la continuación de la dinastía merovingia. Su decadencia tiene una causa directa en la interrupción del comercio mediterráneo por la invasión árabe, a consecuencia de la cual los reyes merovingios son cada vez más pobres por la falta de ingresos fiscales, debido a la ruptura del comercio. La falta de ingresos se suple con las rentas territoriales y la fidelidad de la aristocracia se asegura con la cesión de dominios, lo que acarrea la imposición del vasallaje. Aquí está el inicio de la feudalización. Aún así los merovingios representaron la continuidad antigua mientras tuvieron poder. Pero a partir del 630-32 el Estado merovingio se repliega sobre sí mismo y cae en decadencia. Los mayordomos de palacio que suplantarán a los reyes merovingios son los germánicos del norte, que se imponen sobre aquellos del sur (Neustria) que representan la romanidad. A partir del 688 los carolingios han impuesto su tutela en el reino. Igualmente la iglesia de Roma se distancia de Bizancio y se ha acercado al poder del norte, gracias a la cristianización de Germania por san Bonifacio (Wynfrith). Y en el 751 Pipino el Breve realiza su célebre gestión ante el papa, planteándole “la famosa cuestión de saber quién debe ceñir la corona, el que lleva el título de rey o el que ejerce realmente el poder.” (p. 180). Con Carlomagno, quien prosigue la tarea de su padre Pipino, se crea el nuevo Imperio. Carlomagno ya no se considera un patricius Romanorum, actúa como un protector de la cristiandad. El antiguo Imperio romano se ha convertido, en el siglo VII, en el Imperio de Oriente y el de Carlomagno en el Imperio de Occidente.

En el capítulo III de la segunda parte se desarrolla la tesis de Pirenne defendida en el libro, es decir que los comienzos de la edad Media no se deben situar como consecuencia de las invasiones germánicas a partir del siglo V, sino más bien a partir de las conquistas árabes del siglo VII. Así, afirma Pirenne: “Antes del siglo VIII, lo que existe es la continuación de la economía mediterránea antigua. Después del siglo VIII hay una total ruptura con esa misma economía. El mar está cerrado. El comercio ha desaparecido. Nos hallamos ante un imperio cuya única riqueza es la tierra y en el que la circulación de bienes muebles está reducida al mínimo.” (p. 190). Esta circunstancia provocó la ruptura del sistema monetario basado en el oro y su transformación por el de la plata, con el denario de plata como moneda real, adecuada al pequeño intercambio interno, en sustitución del sólido de oro necesario para el gran comercio internacional. Pipino inició sin éxito la reforma del sistema monetario que Carlomagno la remató con la introducción de la libra de 327 g, dividida en 20 sueldos y 12 denarios por sueldo, o 240 denarios por libra. Por lo que respecta a España, Pirenne considera que: “Sería un error creer que existió un comercio entre Francia y España. Sin embargo, España está en plena prosperidad. El puerto de Almería contaba al parecer, en el 970, con hospederías. La única importación de la Galia que se puede comprobar allí es la de los esclavos, llevados por los piratas, sin duda, y también por los judíos de Verdún.” (p. 201). La regresión comercial acarreó consigo que la transacción territorial se convirtiera en la base esencial de la vida económica; además, las tierras de la iglesia son las únicas que crecen constantemente, gracias a las donaciones piadosas de los fieles. La sociedad cae en manos de los poseedores de tierras o de la justicia y el poder público se hace cada vez más privado. “Después, toda intervención real desaparece en la anarquía del feudalismo, por encima de la cual sigue flotando el espejismo del Imperio cristiano. Es la Edad Media.” (p. 213). La organización política también se transforma radicalmente. Los merovingios pertenecen a un ambiente totalmente diferente al del carolingio. Correspondía a una organización romana enfocada hacia el Mediterráneo. Los carolingios son una organización germana con el eje de actuación horizontal desplazado hacia el norte. También ha cambiado la relación con la iglesia. El Estado merovingio es laico, mientras que el rey carolingio sustenta su justificación en la gracia de Dios, Dei gratia rex Francorum. La civilización intelectual cambia igualmente. Es el momento en que el latín deja de ser lengua viva para convertirse en lengua culta. De su contraste con las lenguas rústicas nacerán las diferentes lenguas romances.

En definitiva la conquista rápida e imprevista del Islam tuvo como consecuencia la ruptura entre Oriente y Occidente, la ruptura de la unidad mediterránea. Occidente se ve embotellado y forzado a vivir por sí mismo. “Con diferentes matices según las regiones, Europa, dominada por la Iglesia y el feudalismo, adquiere una fisonomía nueva. La Edad Media, por conservar la locución tradicional, comienza.” (p. 229).

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